Un metro cuadrado

A menudo los participantes de un viaje fotográfico se sorprenden de que el programa prevea dos o más visitas al mismo lugar, ya no en diferentes horas y situaciones, sino en el mismo momento del día, aparentemente sin variaciones.

(c) Jordi Ferrando i Arrufat  (c) Jordi Ferrando i Arrufat  (c) Jordi Ferrando i Arrufat
(c) Jordi Ferrando i Arrufat

Es bien cierto que tener inquietudes ayuda a mejorar. También es un hecho que necesitamos constantemente ponernos a prueba para ver si somos capaces de ver algo diferente, descubrir nuevas imágenes y aprender de cada reto, pero hay que vigilar que el pasar rápidamente de una experiencia a la otra no nos haga caer en la superficialidad, en la inmediatez.

En estos tiempos de frenesí comunicativo, repetir una situación parece una pérdida de tiempo y con frecuencia se buscan continuos estímulos, visuales y emotivos, devorando sin casi darse cuenta todo lo que se presenta ante los ojos. Todavía no se ha acabado de hacer una fotografía que ya se busca la siguiente, en un intento, utópico e inútil, de almacenarlo todo, de vivirlo todo, para descubrir, al final del viaje, que se han traído a casa miles de imágenes fugaces de la cuales, con un poco de suerte, se podrán sacar algunos momentos interesantes que nunca satisfarán plenamente la memoria de aquel recuerdo.

(c) Jordi Ferrando i Arrufat   (c) Jordi Ferrando i Arrufat
(c) Jordi Ferrando i Arrufat

Quizás conviene más vivir mil instantes con fuerza, plenamente, y realizar sólo algunas buenas, muy buenas, fotografías que reflejen lo que significó aquella experiencia.

No se puede capturar todo, no se puede estar en todas partes y siempre hay un rincón, una situación o una persona a las que no se puede llegar. Muchas veces permanecer inmóvil en un lugar interesante, esperando en vez de buscar, proporciona mejores resultados que girar como una peonza sin meta ni sentido.

(c) Jordi Ferrando i Arrufat   (c) Jordi Ferrando i Arrufat
(c) Jordi Ferrando i Arrufat

En uno de los últimos viajes a Kathmandu decidí pasar seis horas en un solo lugar, un lugar que conozco bastante bien, para intentar encontrar algo nuevo, al menos para mí. Y, con calma, llegó aquella maravillosa sensación de equilibrio entre la seguridad de un entorno familiar y la sorpresa de un mundo desconocido, todo en un espacio físico muy reducido. Aquella sensación de que sólo hay que girarse para encontrar una imagen interesante, sin ir muy lejos, sin mover el cuerpo, tan solo la mirada.

(c) Jordi Ferrando i Arrufat   (c) Jordi Ferrando i Arrufat
(c) Jordi Ferrando i Arrufat

Con los años y la experiencia he aprendido a buscar, fotográficamente pero sobre todo vitalmente, aquel metro cuadrado que llene el día de sensaciones, de visiones y donde se pueda disparar o reposar, donde se pueda conocer gente o meditar a solas, donde se pueda, sencillamente, dejar pasar el tiempo y llenar el espíritu.

(Dedicado a la población del Nepal, en estos momentos de dificultad)

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Jordi Ferrando i Arrufat

Fotógrafo y colaborador en organización de cursos y viajes fotográficos en at Casanova Foto
Soy catalán, nacido a Les Borges Blanques, un pueblecito de la provincia de Lleida. Mi familia se trasladó muy pronto a Barcelona, donde he crecido.
Entré en el mundo de la fotografía a la edad de 14 años, de la mano de mi abuelo materno que me dejó mi primera cámara y me llevó con él a conocer Catalunya. Poco después mi padre se compró una réflex que utilicé durante mucho tiempo.
Cuando tenía 16 años, junto con tres amigos, hice una ruta (de 150 km) desde Montserrat a Puigcerdà. Esta aventura significó el descubrimiento de dos pasiones, y desde aquel momento en los viajes me verán siempre con la mochila a la espalda y una cámara de fotos al cuello.

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